Kioto en un día y medio

Cuando compramos los vuelos para ir a Japón no teníamos planeado qué visitar. Por una parte, dependíamos de los planes que propusieran los amigos que iban a casarse y, por otra, habíamos ajustado las fechas para encontrar unos vuelos más baratos. Así decidimos que Kioto fuese la primera parada de nuestro viaje a Japón.

El vuelo aterrizó en el aeropuerto de Narita a las 9:30 la mañana y, tras cambiar dinero, comprar comida y recoger el Pocket Wifi y el JR Pass, tomamos el Narita Express hasta la estación de Tokio. Una vez allí, subimos al Shinkansen que nos llevó a Kioto.

Tarde del primer día.

Nuestro alojamiento en Kioto estaba situado cerca de la estación de tren por lo que lo primero que hicimos al llegar a la ciudad fue dejar las maletas allí. Y una vez libres de peso, nos dirigimos hacia el santuario Fushimi Inari.

Fushimi Inari Taisha.

Para llegar a Fushimi Inari Taisha, volvimos caminando hasta la estación de tren y allí subimos a la línea JR Nara dirección sur, hacia Nara, y bajamos en la parada de Inari.

Fushimi Inari es un santuario shintoísta dedicado a Inari, deidad de la agricultura, la fertilidad y los zorros, entre otras cosas. Es reconocible por sus largos caminos recorridos por miles de puertas torii que se adentran en la montaña.

Cuando llegamos al santuario estaba anocheciendo por lo que no pudimos visitarlo por completo. Aun así, nos adentramos entre sus torii y subimos un buen tramo antes de decidir volver.

Como era el día del festival del fuego o Hitaki-sai, cuando llegamos al recinto principal había muchas personas esperando para ver el ritual de los monjes dedicado a la deidad del santuario, Inari.

  • Entrada gratuita.
  • Horario: 09:00 – 17:00 (recinto exterior abierto 24h).
  • Festival Hitaki-sai: 8 de noviembre.
  • Página web Fushimi Inari: http://inari.jp/en/

Como estábamos cansados por el viaje, de camino al albergue paramos en un conbini para comprar algo de comer. Cenamos, nos duchamos y nos fuimos a dormir temprano.

Segundo día.

Al día siguiente, nos levantamos alrededor de las 6:30 y fuimos directos a la estación de tren. Esta vez no entramos, puesto que lo que buscábamos era la terminal de autobuses que hay justo delante. Tras entrar en la oficina de información turística y de transporte, compramos el pase City Bus All-day Pass. Se trata de un billete diario que permite subir a los autobuses urbanos de Kioto durante todo un día.

Después de comprar el pase, entramos en la estación de tren para tomar la San-In Line en dirección oeste hasta la estación de trenes de Sagano – Arashiyama.

Arashiyama.

Arashiyama está situado al oeste de Kioto. Allí se encuentra un precioso bosque de bambú, el puente Togetsu-kyō y varios templos. Cualquier visitante podría pasarse un día entero viendo todo lo que ofrece. Nosotros simplemente estuvimos un rato paseando por allí y después volvimos para empezar la ruta de templos que habíamos planeado.

Kinkaku-ji.

En Arashiyama, volvimos a la estación y cogimos el tren de regreso hasta Emmachi Station. Allí subimos al autobús 205 y nos bajamos en la parada Kinkakuji-mae.

El Kinkaku-ji es uno de los templos budistas más famosos de Kioto. También es conocido como el Pabellón dorado por las láminas de pan de oro que recubren su fachada exterior.

Llegar a este lugar nos hizo darnos cuenta de la gran cantidad de turistas, nacionales e internacionales, que íbamos a encontrar en nuestra vista a los templos. Aun así, con un poco de paciencia y siguiendo las indicaciones de la visita, recorrer los jardines de los templos se convierte en una experiencia muy agradable.

Castillo de Nijō.

Para llegar hasta Nijō, tomamos el bus 101 hasta Nijojomae. Muy cerca de la parada nos esperaba la puerta Karamon, que da entrada al castillo.

Lo más llamativo de esta visita es la posibilidad de acceder al interior del palacio Ninomaru para ver sus estancias. Dentro, me sorprendió encontrarme con el sonido producido por el suelo del ruiseñor, sobre el que había leído en novelas y al fin pude escuchar en directo.

Heian-jingu.

Heian-jingu es un santuario situado en un recinto enorme y, a diferencia de lo que habíamos visitado hasta ese momento, no está completamente rodeado por jardines. Para llegar hasta él, tomamos la línea 202 de autobús desde la parada Horikawamarutamachi hasta Higashiyama Nijo Okazaki Koe.

Allí tuvimos la suerte de encontrar a muchos padres acompañando a sus hijos, vestidos con kimono, para celebrar el Shichi-go-san. No pasamos demasiado tiempo en este santuario porque se acercaba la hora de comer y el hambre nos pudo.

Palacio Imperial de Kioto.

Volvimos a la parada en la que nos habíamos bajado para tomar el autobús 201 hacia Karasuma imadegawa, donde se encuentra el Palacio Imperial. Allí buscamos un conbini y compramos comida preparada para no tener que parar demasiado antes de nuestro siguiente destino.

En el Palacio teníamos reservada una visita guiada en inglés que nos ayudó a entender su historia y su construcción, especialmente la importancia de los tejados de paja.

Ginkaku-ji.

Una vez terminada la visita en el Palacio Imperial, subimos al autobús 203 desde Doshishamae hasta Ginkaku-ji-michi. Cuando llegamos al Ginkaku-ji empezábamos a notar el cansancio de todo el día de actividad. Recorrimos sus jardines tranquilamente mientras atardecía, entreteniéndonos para mirar el cambio de color otoñal en las hojas y nos marchamos casi a la hora de cierre.

Desde allí fuimos paseando hasta la parada de Honeninmachi. Nuestra intención era tomar el autobús para visitar el templo Kiyomizu-dera pero el autobús tardó tanto en pasar que al final decidimos ir directamente a nuestra último destino.

Santuario Yasaka.

Como se había hecho tarde, tomamos la línea 203 hasta Kinrinshakomae para finalizar el recorrido en el santuario Yasaka. Pudimos ver su bonita iluminación nocturna y comprar algunos kimonos en los puestecitos de la calle de bajada.

Tras la visita al último santuario bajamos Shijo Dori y cruzamos el río Kamo para llegar a Pontocho. Allí cenamos un delicioso shabu shabu bien merecido tras la caminata de todo el día.

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